TRISTE REALIDAD

A todo hincha o fanático del fútbol le gusta hablar de el fútbol en sí, como deporte, como las cosas que pasan dentro de la cancha. Pero lamentablemente, por cómo se manejan las cosas, lo que pasa adentro es demasiado dependiente de lo de afuera, que generalmente son muy lamentables.
Hoy en día,
Rosario Central es un club muy afectado en este aspecto, y en otros también. La prensa argentina, la de Buenos Aires, la que desconoce las condiciones en las que se encuentra el club, habla de los malos resultados, de que se juega mal, del cambio de DT, que el plantel esto, que lo otro. Pero pocos lo hacen sobre algo que los que no viven en la ciudad de Rosario no tienen ni menor idea qué es, y podríamos decir que es más preocupante que cualquier otra cosa.
La prensa rosarina destacó en las últimas semanas la situación "social" que sufre el club
Canalla. El partido que se jugó hace 1 semana y media entre
Central y
Argentinos Juniors por el campeonato argentino fue escenario de hechos bochornosos. Al momento que el estadio estallaba por el enojo de sus hinchas, los mismos, con derecho a descargarse, comenzaron con canticos en contra de su Comisión Directiva, a lo que, "gente del club",
le abrió la puerta de las plateas a los llamados hinchas (mejor dicho barrabravas) para que pongan las cosas en su lugar (?). Increíble.
Pero bueno, el derecho del verdadero hincha del
Canalla no es lo único que se rompe en este tema. La banda de "
Paquito y los Guerreros", con participación de
Pillín, ya es prácticamente dueña del club. Cuando hace poco
Gustavo Alfaro estaba a punto de asumir en
Rosario Central, luego de poner cifra a cobrar, intervino esta "gente" de la barra para ponerle condiciones al director técnico que estaba por asumir: fue vivo y no firmó nada con el equipo rosarino. Esto y otras cosas demuestran que no es un grupo que va a la popular a ver los partidos, sino que interviene absurdamente (cualquier intervención lo sería igualmente) en la conducción del club.
Para poner un punto, lo que pasa en
Central es una pena no solamente para el fútbol sino para un club que tiene
115 años de historia y, esos años, valen más que cualquiera de esta gente que lastima el orgullo del club y del hincha que en verdad lleva la camiseta. Y esto no es fútbol.